Cómo elegir un calefactor portátil

Los calefactores portátiles, de gas, eléctrico, con ventilador, radiador por inercia, etc., son muy prácticos e incluso necesarios para subir la temperatura en áreas pequeñas como el cuarto de baño o la zona de trabajo en la oficina. Elegir el modelo adecuado de calefactor portátil nos evitará gastos innecesarios y disfrutar de un calor adaptado a cada pieza… ¡y apto para todos los bolsillos!

¿Qué es un calefactor?

Un calefactor eléctrico cerámico o calentador auxiliar, es un aparato que sirve para completar el sistema de calefacción central (de pellets, gas, fuel, calefacción solar, bomba de calor, etc.), aunque no para reemplazarla. Los mini calefactores, eléctricos o de otros tipos, con o sin termostato ajustable para realizar las configuraciones de temperatura, suelen ser radiadores o estufas de pequeño tamaño que consumen mucha energía, sobre todo eléctrica. El objetivo de un calefactor portátil es calentar lo más rápidamente posible una zona limitada y definida.

Una de las grandes ventajas de un calefactor portátil es que caliente rápidamente. Sin embargo, su principal inconveniente es que consume mucha energía, y que tienen una inercia casi nula (excepto en el caso de los radiadores de inercia y algunos modelos de estufas de leña): una vez apagado el termostato, el calor de la estancia se disipará casi de inmediato. Con un mini calefactor eléctrico de gas o fuel, la estancia se calentará con la misma rapidez con la que después se enfriará.

Un calefactor eléctrico portátil de ventilador (viento caliente o natural), es el mejor ejemplo de ello: el calor se difunde muy rápidamente de forma nada homogénea. No calienta ni las paredes ni los objetos y, una vez apagada, la temperatura cae en picado. Por tanto, el confort térmico que ofrece un calefactor eléctrico portátil es bastante mediocre, especialmente en lo que se refiere a los calefactores de ventilador. Pero existen excepciones.

¿Cuáles serán los mejores calefactores a la hora de elegir?

Diferentes tipos de calefactores

Calefactor de aire caliente o de aerotermia eléctrica

Este tipo de calefactor portátil es uno de los más habituales. Se trata de un aparato de aire que difunde el calor de forma muy rápida pero que ofrece un deficiente confort térmico. El mini calentador de ventilador provoca el envío de una corriente de aire caliente, aunque realmente no calienta el aire ni aún a su máxima potencia. Este tipo de radiador tampoco es muy ecológico y además consumen mucha electricidad. Son los más económicos, aunque tanto su rendimiento como su nivel de seguridad y fiabilidad son bastante limitados.

Estufa de petróleo, fuel o gas

Los calefactores más antiguos son también los más contaminantes, caros y peligrosos. Aquí están incluidas la estufa de petróleo, la de fuel y la de gas. Poco a poco estos modelos se han ido sustituyendo por calefactores de otro tipo. La estufa de petróleo, fuel o gas existían antes que los calefactores eléctricos.

Estufa de leña o pellets

Aunque a veces se las utiliza como calderas del sistema de calefacción central de la vivienda, también se pueden emplear como calefactores. La estufa de leña es un calefactor ecológico, económico y dotado de una cierta inercia, aunque su precio sigue siendo mucho más elevado que el de otros modelos de calefactores. En general, hablamos de una cifra por encima de los mil euros.

Radiador eléctrico de inercia

Los calefactores de inercia son un tipo de calefactores portátiles muy particulares, dotados de una tecnología nueva y llena de ventajas. Precisamente, el hecho de que un mini calefactor de inercia posea una excelente inercia lo convierten en una opción más eficaz y económica que otros radiadores eléctricos. Acumulan energía, y una vez apagados, la restituyen.

Probablemente se trate del tipo de calefactor eléctrico más interesante en cuanto a rendimiento, calidad del calor, confort, economía y ecología. Pero también es uno de los más caros: su precio puede partir de unos cien euros, aunque puede subir bastante, incluso por encima de los mil euros.

Tomemos el caso de un radiador de inercia específico que haga las veces de eficaz calefactor eléctrico portátil. El radiador de aceite del baño es, efectivamente, un radiador eléctrico de inercia que sirve de calefactor y utiliza un fluido interior para almacenar y difundir el calor conservado una vez que se apaga el aparato. Su inercia térmica, al ser fuerte, acumula una parte del calor creado y a continuación la restituye en forma de calor suave, agradable y homogéneo. Este tipo de radiador ofrece por tanto un gran confort térmico y una calefacción eficaz.

¿Qué precauciones hay que tomar al utilizar un calefactor?

Cuando el calefactor se usa de forma continua en una vivienda para reemplazar la calefacción central, se corren una serie de riesgos importantes, que conviene tener en cuenta:

  • Dispersión y acumulación de agentes contaminantes tóxicos en la vivienda

  • Riesgo de intoxicación en el caso de las estufas de petróleo sin salida de chimenea exterior

  • Quemaduras en caso de contacto y riesgo importante de incendio en caso de mal funcionamiento, a no ser que tengan protección por sobrecalentamiento

  • Aparición de cierto tipo de enfermedades respiratorias, como, por ejemplo, el asma

  • Humedades y manchas de salitre que provocan olores nauseabundos.

Todo esto ocurre más con unos tipos de calefactores que con otros: obviamente, las estufas de petróleo son bastante más peligrosas que un radiador de inercia. Del mismo modo, mientras mayor sea la potencia de un calefactor o mientras más barato sea, más importantes serán los riesgos.

La utilización de un calefactor a veces se impone como una solución para aquellas viviendas que sufren precariedad energética ya que se puede regular su uso de forma precisa. Sin embargo, es indispensable tomar precauciones y evitar dejar encendido el calefactor durante mucho tiempo.

Los modelos de calefactores son muy diferentes unos de otros. Es posible encontrar un calefactor para cada necesidad y para cada presupuesto. Sin embargo, hay que utilizarlos con precaución, ¡tanto por los riesgos que implican como por su alto consumo de energía!