Calidad del aire

Según la Federación francesa Atmo, la red nacional de asociaciones homologadas para el monitoreo de la calidad del aire, respiramos casi 15.000 litros de aire cada día. Por tanto, no es sorprendente que la calidad de este aire inhalado sea tan importante para nuestra salud. Pero, ¿cómo puede definirse y evaluarse con precisión la calidad del aire? Entre contaminantes, polen, partículas, no siempre es fácil orientarse ni distinguir entre lo que es una simple molestia y lo que es un peligro real para la salud.

¿Qué entendemos por calidad del aire?

  • Composición del aire
El aire ambiente está compuesto por un 78 % de nitrógeno, un 21 % de oxígeno y un 1 % de otros gases. Pero también contiene muchas otras sustancias, gaseosas o sólidas, en suspensión. Algunas son el resultado de fenómenos naturales (emisiones de la vegetación, erosión del suelo, difusión de polen, erupciones volcánicas, etc.), otras son el resultado de actividades humanas como la industria, el transporte, la calefacción o la agricultura. Estos compuestos químicos están presentes en proporciones variables en el aire ambiente, y aunque algunos son seguros, otros representan un verdadero problema de salud pública y medioambiental. Esto es lo que se denomina contaminación atmosférica.
  • Contaminantes primarios y secundarios
Los contaminantes en el aire son de dos tipos: contaminantes primarios, que se emiten directamente a la atmósfera, y contaminantes secundarios, que son el resultado de reacciones químicas entre contaminantes precursores o con su entorno. Este es el caso, por ejemplo, del ozono, que resulta de una reacción química entre los óxidos de nitrógeno, ciertos compuestos orgánicos volátiles y la radiación solar.
  • ¿Cuáles son los principales contaminantes?
Algunos de los contaminantes responsables de la contaminación atmosférica y que están sujetos a un seguimiento especial incluyen:
-Compuestos orgánicos volátiles (COV): se hace una distinción entre el metano, que es seguro para la salud, y los compuestos orgánicos volátiles no metánicos (COVNM). Emitidos durante los procesos de combustión (producción de energía, transporte) pero también a través de la evaporación de disolventes (especialmente pinturas), los COV son responsables del efecto invernadero y participan en las reacciones químicas que forman el ozono y ciertas partículas finas.
-Micropartículas: estas partículas en suspensión en la atmósfera proceden principalmente de las actividades de calefacción, industria y transporte, pero también de sectores como la construcción y la explotación de canteras. Por tanto, su composición puede ser muy variada en función de su origen. La peligrosidad de estas partículas depende tanto de su composición como de su tamaño.
-Dióxido de carbono (CO2): el dióxido de carbono es un gas que está naturalmente presente en el aire. Procede, entre otros, de la respiración humana (también animal y vegetal) y no es tóxico en sí mismo. Sin embargo, las emisiones de la calefacción, el transporte y la industria aumentan significativamente el efecto invernadero. Por eso también se controlan las emisiones de dióxido de carbono.
-Monóxido de carbono (CO): este gas altamente tóxico proviene de la combustión incompleta de energía (carbón, madera, gasóleo o gas) y proviene principalmente de la calefacción doméstica y la industria. Se le da una vigilancia especial en interiores, donde su presencia puede ser causa de intoxicaciones y muerte.
-Óxidos de nitrógeno y dióxido de azufre: las emisiones de dióxido de nitrógeno y monóxido de nitrógeno proceden principalmente del transporte por carretera, la industria y la agricultura. El dióxido de azufre es un residuo de combustión a base de azufre. Son contaminantes precursores del ozono, un gas peligroso para el medio ambiente y la salud.
-Otro factor de contaminación bajo estrecha vigilancia es el amoníaco procedente de las actividades agrícolas (residuos orgánicos de la ganadería y fertilizantes nitrogenados), que es un precursor de las partículas finas.
-Metales pesados: en su mayoría proceden de las actividades industriales y están sujetos a estrictas normas. Estos incluyen plomo, mercurio, arsénico, cadmio y níquel.
-Pesticidas: utilizados para el tratamiento de cultivos, los pesticidas no solo se esparcen por el aire durante la aplicación, también se volatilizan de las plantas o el suelo. En el aire, los pesticidas amplifican los picos de contaminación en las ciudades y contaminan el agua de lluvia. Los pesticidas también son precursores de contaminantes secundarios como el ozono.

¿Cuáles son los riesgos para la salud de una mala calidad del aire?

La contaminación atmosférica tiene consecuencias para el medio ambiente: aumento de los gases de efecto invernadero, calentamiento global, cambios en los ecosistemas, acidificación del medio ambiente, etc. Algunas partículas y contaminantes también son un peligro para la salud en distintos grados en función de las moléculas, su concentración y lo vulnerables que sean las personas expuestas a ellos. Algunos son tóxicos solo por encima de un cierto nivel, otros, como el formaldehído y el monóxido de carbono, son peligrosos incluso en dosis bajas.

La contaminación contenida en el aire entra en nuestro cuerpo a través de los pulmones, donde se producen intercambios gaseosos entre nuestro cuerpo y el entorno. Dependiendo del tamaño de las partículas y de su capacidad de acumularse en el cuerpo, la contaminación tendrá varios efectos en nuestra salud. Las personas más vulnerables (niños, ancianos o personas que padecen alguna patología) son sin duda aún más sensibles a la contaminación del aire.

La OMS (Organización Mundial de la Salud) ha llevado a cabo muchas investigaciones sobre los posibles efectos de la contaminación en nuestra salud. La OMS estima que 7 millones de personas en todo el mundo mueren a causa de la contaminación del aire ambiente.

PREV'AIR, la plataforma francesa de previsión de la calidad del aire gestionada por Ineris (Institut national de l'environnement industriel et des risques), presenta los riesgos relacionados con la contaminación atmosférica en función de sus efectos en cuatro esferas del cuerpo: el sistema neurológico, el sistema respiratorio, el sistema cardiovascular y el sistema hormonal.
  • Efectos de la contaminación del aire en el sistema nervioso: algunos contaminantes pueden llegar al cerebro y agravar la enfermedad neurodegenerativa de Alzheimer.
  • Efectos de la contaminación atmosférica en el sistema cardiovascular: las partículas y nanopartículas más finas pueden alcanzar áreas muy profundas de los pulmones y pasar a la sangre. Al acumularse en los vasos sanguíneos, los contaminantes pueden provocar trastornos en el ritmo cardíaco y la coagulación y, a largo plazo, un mayor riesgo de infarto, trombosis y accidente cerebrovascular.
  • Efectos de la contaminación atmosférica en el sistema respiratorio: muchos contaminantes como el ozono o las partículas finas penetran profundamente en los pulmones y pueden afectar la capacidad respiratoria causando asma y enfermedades respiratorias.
  • Efectos de la contaminación atmosférica en el sistema hormonal: ahora sabemos que algunos contaminantes son disruptores endocrinos que favorecen los trastornos del sistema hormonal.
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¿Cómo se mide la calidad del aire?

Existen dispositivos de medición específicos para medir las emisiones contaminantes y evaluar la contaminación atmosférica. Por lo general, miden los datos de cada contaminante por separado para determinar más fácilmente el origen de cada componente. Los sensores de contaminantes utilizan tecnologías sofisticadas como el láser, la ionización de llama, infrarrojos…

Los distintos dispositivos de medición se instalan en estaciones situadas en zonas con mucho tráfico o cerca de lugares vigilados. También existe otro tipo de estación denominada «estación inferior» para obtener mediciones más globales, lejos de las zonas de emisión. El índice de calidad del aire (ICA) elaborado según la metodología de la EPA (Agencia Americana de Protección del Medio Ambiente) es un indicador genérico de la calidad del aire y sus efectos sobre la salud en un lugar determinado.

¿Qué pasa con la calidad del aire interior?

Aunque en las ciudades se suele asociar la contaminación con el aire exterior, la calidad del aire interior es igual de preocupante en todo el país. Porque la contaminación no solo viene del exterior, también se encuentra en interiores en forma de partículas o COV, derivadas de materiales de construcción, pinturas, productos de limpieza o las diversas combustiones de calefacción. A esto se añade el dióxido de carbono emitido durante el proceso de respiración de los ocupantes de la casa, que se acumula cuando el espacio está insuficientemente ventilado.

Por todo ello, la calidad del aire interior es un verdadero problema de salud pública y es importante garantizar una buena ventilación de nuestros espacios vitales, ya sea esta manual o mecánica. Esta ventilación, combinada con el mantenimiento regular de los aparatos de calefacción y con la elección de materiales y muebles poco contaminantes, ya permite reducir las emisiones potencialmente peligrosas en una vivienda.

Porque la contaminación en interiores también mata. La OMS estima que 3,8 millones de muertes en todo el mundo son causadas por la contaminación del aire interior en los hogares, donde el uso de combustibles y tecnologías contaminantes es la causa principal.

Agentes de la vigilancia de la calidad del aire

A nivel mundial, la OMS ha hecho recomendaciones sobre los valores límite que no deben superarse para cada contaminante. A nivel europeo, la Directiva Marco del Aire establece una legislación basada en estos datos de la OMS y la Agencia Europea de Medio Ambiente centraliza los datos recogidos por cada país.

En España, el Ministerio para la Transición Ecológica coordina el dispositivo de vigilancia y medición de la calidad del aire.

A nivel local, España cuenta con más de 600 estaciones de medición fijas distribuidas por toda la geografía española. El número de analizadores supera la cifra de 4000. Estas estaciones se agrupan en redes de vigilancia de la calidad del aire.

A nivel nacional, las Comunidades Autónomas y las Entidades Locales, según sus competencias establecidas en la legislación vigente, son responsables de gestionar las redes de medición de datos de calidad del aire.

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